Mientras avanzan las investigaciones del caso Madrid Arena y van quedando al
descubierto gran cantidad de irregularidades, no sólo en la contratación del
evento, sino también en el funcionamiento de algunas de las concejalías del Ayuntamiento de Madrid que se han saltado a
la torera todas las normas habidas y por haber, Ana Botella, en uno de esos
ejercicios de responsabilidad y de ética que tanto le honran, ha intentado:
-
Primero,
taponar que las responsabilidades puedan llegar hasta ella y su querido
Vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva, interponiendo ya a un chivo expiatorio: la
dimisión (pero manteniendo su acta y cobrando) de Pedro Calvo, responsable de economía y Presidente de Madrid
Espacios y Congresos, que a pesar de conocer las deficiencias en seguridad que
tenía el Madrid Arena (al igual que Pabellón de Cristal y el Palacio de Congresos),
y de que la empresa a quien se lo alquilaba tenía deudas con la Seguridad
Social – lo que no está permitido – y que además tenía 51 incidencias
judiciales y administrativas, lo alquiló a dicha empresa. Lo que el sumario no
permitirá que se vea, es el más que probable
- aparte de relación de amistad – trato preferente por parte del
Vicealcalde hacia esta empresa y su propietario, Miguel Ángel Flores.
-
Segundo,
constituir una comisión de investigación de lo ocurrido en la
macrofiesta (que siempre ha sido la mejor forma de tapar todo) del Madrid Arena,
presentando una enmienda para asegurarse una mayoría de control y la presidencia
de la comisión.
-
Tercero,
pasarse de lista, intentando personarse en la causa como parte acusadora para así
tener acceso al sumario, cosa que no se lo ha admitido a trámite el juez que
lleva el caso, porque no puede estar en el mismo caso como responsable civil –
cosa que ha llevado a cabo el Fiscal
Superior de Madrid, Manuel Moix – y como parte acusadora.
-
Cuarto y
punto culminante. Ser tan falsa, hipócrita, traidora, y artera, como, para
cubrirse ella las espaldas, engañar a la delegada del gobierno, Cristina Cifuentes,
y presentar un documento de 25 páginas en el que se asegura que la Delegación de Gobierno había dado su
conformidad a la celebración de la fiesta, y por tanto, había tomado su responsabilidad. Tal cosa no
se dio; lo que pasó fue que Cristina, enterada de que Diviertt, en su intento
de eximirse de responsabilidades, emitió un comunicado cargando las
responsabilidades a la Delegación del Gobierno, llamó a Ana para decirle que
iba a emitir un comunicado contra la empresa. La alcaldesa –muy buena ella – le
dijo que no lo hiciera para evitar más confusión sobre el asunto, que ya se
encargaría ella. ¡Y se encargó, vaya si se encargó!
La puñalada trapera de Ana Botella, unida a la
presión que está haciendo de forma sibilina el gregario de Esperanza Aguirre (que ni muerta ni retirada), Ignacio González, que se está toda la semana”solidarizando” con Ana Botella porque la pobre “no se entera y bastante tiene con el Madrid
Arena”, ha vuelto a abrir de lleno la
guerra dentro de las filas del PP por el poder.
Por un lado Ana Botella, que en el partido sólo está apoyada por su marido y su cada
vez menos enfervorizado entorno, molestos con la incapacidad política de
Botella y, sobre todo, con sus formas y su soberbia (algo que comparte con ÉL).
Por otro, González, peón de Aguirre, que
lucha por ella misma y tiene el apoyo de la línea dura del partido, apoyada
por Cristina Cifuentes, respaldada a su vez por la vicepresidenta, Soraya Sáenz
de Santamaría y su complejo de influencias dentro de Moncloa.
Y mientras, avanzan las investigaciones dejando ver cada día,
irregularidades de todo tipo, falta de responsabilidad, dejadez y negligencia
imperdonables en responsables políticos que ante informes serios y
rigurosos de otros profesionales – funcionarios que probablemente no cobren ni
la mitad de lo que cobran ellos – hacen
caso omiso de los mismos, y prefieren seguir con las viejas costumbres de
favorecer a los amigos, hacer la vista gorda para “sacar tajada”, y vivir a
costa de los bolsillos de los ciudadanos a los cuales dicen servir. Porque,
total, nunca pasa nada… ¡hasta que pasa!, y entonces ya no hay remedio. Ni las dimisiones, ni los funerales con
Obispo, ni las oraciones de una alcaldesa incompetente y arrogante, van a
devolver la vida a cuatro jóvenes que fueron a divertirse una noche a Madrid en
un pabellón deportivo que tenía que ser obligatoriamente seguro, y del que no
salieron con vida.
No cumplía
las medidas de seguridad. Los accesos entre
plantas debían
de estar controlados, se sobrepasaba el aforo,
los empleados
de seguridad no tenían preparación…
El caso Madrid Arena
está dejando
bien claro
que no pasan
por el aro
ninguno de la
cadena
que manda el
Ayuntamiento
mas, ¿tendrán
buen escarmiento?
De momento,
examinando,
tienen uno
dimitido
y con ello han
conseguido
no sigan
investigando
dél hacia
arriba, ninguno
por no ser
inoportuno.
Y así ya quedan
salvados
de forma tan
cuestionable
aunque siempre
muy confiable,
los culpables
avispados,
que libre de
toda culpa
ni precisan de
disculpa.
Y si quieren ir
más lejos,
montan unas
comisiones,
que en todas
las ocasiones
consiguen que
los pendejos
inocentes sean
hallados
y los hechos
ocultados.
¿Botella preocupada? Tendría que tener conciencia
Los que son tontos del culo,
que gozan de
gran simpleza
y cagan por la
cabeza,
quieren ir en
plan de chulo
y poner una
querella
cuando son
culpables della.
Para acabar de
arreglallo
a otro de por
medio mete
para pasalle el
paquete
y el mochuelo a
otro endosallo,
y hácelo a
propia manera
que es puñalada
trapera.
Que cada cual
ha su estilo;
quien ha sido
un mal nacido
nunca será
agradecido,
y seguirá tan
tranquilo
después de
dejar clavada
en tu espalda
una estocada.
Y aunque una
guerra se encienda
a ella bien
poco le importa,
pues que con
ella se aporta
laureles para
que ascienda
su apellido en
el partido,
logrando el fin perseguido.
Por cierto, que el Congreso también lo tienen que reparar