Una de las grandes desventuras de Hispanoamérica es ser descendientes de
aquellos españoles, que bien por hambre o por deseos de aventura o querer
buscar de fortuna, se embarcaron un día hacia sus tierras – entonces propiedad de una familia real, que no de
España – y lo único que consiguieron fue quedarse allí, mezclándose, o no,
con los nativos de las diferentes zonas.
Cuando la Gran Colombia logró, tras un proceso que
duró ocho años, independizarse de España en 1819, no tardó mucho en romperse. En
1830, año de la muerte de su gran soñador y creador, el general Simón Bolívar, se separaban para
constituir las actuales Colombia,
Ecuador y Venezuela, y desde entonces hasta ahora, aparte de llevar parte de nuestros genomas, han compartido con nosotros
una historia de falta de libertad, de opresión, ausencia de democracia, de
poder absolutista por parte de las oligarquías de cada país, y también del
poder de la Iglesia Católica, que al igual que en España, ha apoyado siempre
las dictaduras, y salvo casos excepcionales, su jerarquía ha estado junto al
poder.
Por ello, cuando hay un proceso electoral, que es observado por
organizaciones internacionales para que presencien la imparcialidad e independencia
y transparencia de los comicios, entre ellas una delegación española, que reconocen
que las elecciones se han desarrollado sin irregularidades y limpiamente, si quien gana es la derecha (aunque sea por
un voto), no pasa nada, pero si gana la izquierda por 235.000 votos, se puede
montar una guerra civil.
Henrique Capriles, representante de la derecha
venezolana
Y es porque la derecha está acostumbrada a pensar (de la misma manera que
en España) que el poder político también
les pertenece, porque siempre lo han tenido y porque con la caída del muro de Berlín se acabó la Historia
y no hay otra alternativa más que la suya. Pero tras largos años de golpes
militares, de vivir bajo la bota del amo del norte y de ser tratados como
colonias, apareció un fenómeno llamado chavismo, que en formas más o menos
similares, se ha ido contagiando a los demás países – Ecuador, Bolivia, Uruguay - y los ha hecho independizarse del norte y lo
que es más grave, del mandato del FMI
y del BM, a los que se han enfrentado,
rebajando la deuda pública hasta en 2/3 tras una auditoría.
Por eso, Capriles, el representante de la
derecha tradicional venezolana, a pesar
de que los observadores internacionales han expresado que han sido una
elecciones limpias y transparentes, no las reconoce como tal y no reconoce a su oponente, Maduro, como
ganador, sino que prefiere acogerse a apoyos individuales como el del eurodiputado del PP, Agustín Díaz de Mera,
que en contra de los 165 observadores internacionales, él sí que ha visto
irregularidades en el uso y abuso de los medios de publicación y en su falta de
equidad, algo de lo que su partido sabe mucho. O al apoyo de Estados Unidos (como no, aunque deberían de recordar
la victoria de Bush sobre Al Gore) y
España, con las declaraciones de nuestro flamante Ministro de Exteriores, Margallo, que se está hartando de ir
haciendo amigos por todo el mundo. Si bien creo que finalmente el Partido Popular, ha reconocido la victoria de Maduro,
con lo que no me explico cómo no ha
dimitido García-Margallo.
Casualidad. Son los dos mismos países que apoyaron en 2002 el fracasado
golpe de estado contra Chávez, y origen del famoso por qué no te callas, de quien debiera haber callado.
Nicolás Maduro, ganador de las elecciones y presidente
de la República Bolivariana de Venezuela
El que
tiene desconfianza
es que
asume y se presume
que
él mismo déso consume
y
gran grosería alcanza,
cuando
a otro se la pega
en
medio de una refriega.
Aunque
más que desconfianza
en este
caso es derecho,
pues
consideran que es de hecho
y
que les viene de crianza,
que
el poder les pertenece
porque
en otros desmerece.
Y los
otros, que han tragado,
durante
toda la vida,
viendo
que es una parida,
por
fin se han despertado
y
llevan diez elecciones
soltándoles
correcciones.
Es decir,
que van ganando,
que
los que fueron mandados
agora
son acatados,
con
lo que están enfermando,
y
siendo de sangre hispana
prefieren
más la tangana.
El chavismo sin Chaves, ¿seguirá?
Y aunque
haya una comisión
que
sea internacional
(y
alguno no muy neutral),
que
de fe que la elección
ha
sido del todo honesta,
prefieren
la zapatiesta.
Y como
un golpe de estado
es cosa
no muy bien vista,
acusan
de absolutista
y
comunista ocultado,
utilizando
sus cuartos,
y
medios, hasta estar hartos.
Que
no saben asumir,
pero
bien saben sumar
y a
los demás desplumar
y
dello bien presumir,
mas
si les toca ceder,
prefieren
mal proceder.
Que
más vale ganar sucio
que
perder en forma honrada,
y
pues que no es la melada
para
la boca del rucio,
bien
les viene ir compartiendo
lo
que han ido sustrayendo
durante
años de poder,
por
mucho que haya en joder.
El mal perder de la derecha venezolana